Siempre es necesario que en tiempos convulsionados de explosión religiosa, o de “revival” espiritual exista maestros que confronten los eventuales errores con las verdades de la Palabra de Dios, y no por un mero capricho teológico, es conservar la doctrina de nuestra Fe en Jesucristo pura, sin mancilla ni distorciones interpretativas. Es algo que siempre ha sucedido, ya sea en los conocidos avivamientos de principios de Siglo XX, como en los de ahora, y es bueno que exista esa motivación de preservar las enseñanzas apostólicas fundamentales comunes a todos los movimientos y denominaciones cristianas: Dios y su naturaleza trinitaria, la salvación por Fe, La presencia del Espiritu Santo, un gobierno eclesial cristocentrico, el sacerdocio universal de todo creyente, la segunda venida, etc.
Pero delgada es la línea también cuando detras de estas “apologías” y “contiendas por la fe” se nublan, impidiendo ver al verdadero enemigo de la iglesia, el mismo que nos aborrece y trata día a día de acusarnos frente al Juez Justo. El mismo Pablo nos aclara la película en Efesios y nos señala cuales son los verdaderos enemigos, y ninguno es de carne y sangre, osea personas, sino que son espirituales, y luego en 2da. de Cor. habla de que nuestras armas son espirituales y poderosas para destruir “Fortalezas” que son también espirituales. Entonces trato de encontrar maestros que cotejen las verdades de las Escrituras con lo que sucede en la realidad de la iglesia emergente en todo el mundo, y solo encuentro desafíos de guerra de personas contra personas ¿Nos habremos desviado en alguna parte?
Si hemos de pelear una buena batalla, a contender en la fe, identifiquemos bien al enemigo, si le pones rostro de persona te aseguro que no encontrarás la victoria jamás, y si la encuentras será en tu propia ley que morirás , pues Si “con espada matas, a espada moriras”, porque nuestra lucha es la que se hace en terrenos donde el ojo natural no sirve de mucho ni donde la verborreo teológica solo sirve para obstaculizar. El sistema de este mundo te anima a atacar cueste lo que cueste, confunde incluso a los profetas para que frente a una persona que erró se lancen todas las maldiciones de la Biblia. Si la buena batalla se hace con arrojo frente al verdadero enemigo de nuestra alma, el diablo, y amando lo que Dios ama: a toda la humanidad.
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Solo Jesus.
Solo el espiritu santo habite nuestros corazones.
Hay que tener las cosas muy claras para proponerse luchar contra esas potestades y ejercitos.