Orando por la Unidad de la Iglesia de Jesucristo, en Julio mes de la Unión!

Este es un mes de bendición, así como tantos otros, en particular porque mi iglesia local cumple 87 años (en realidad son 89 de ministerio), y hasta aquí nos ha ayudado Dios. Hemos pasado altos y bajos, tiempos de crisis, ataques, destrucción y tribulación, pero no hemos desmayado hasta que el propósito de Dios sea cumplido en nosotros. Pasamos momentos que parecía que el diablo intentara dividirnos, pero la iglesia es de Jesucristo, y por su amor ha sido sustentada y fortalecida para que siga adelante en el cumplimiento de su Misión.

Es en estos tiempos, en los cuales somos más prosperados, en que más  oramos para que se desate sobre todos nosotros su Espíritu Santo, trayendo la urgente necesidad, y no solo sobre mi iglesia local, sino en todas aquellas que aman  a Jesucristo y predican su mensaje de Restauración, por ello le invitamos a elevar con nosotros un clamor a Dios, en arrepentimiento por no cumplir el ministerio de la Reconociliación en medio de nuestras familias.

Es que aún hay murmuradores y contenciosos llevando a la confusión, detractores, hijos que no obedecen a sus padres (biológicos y también a sus padres espirituales). Y no podemos permitir que el diablo gane ventaja sobre  nosotros! Por ello, llenemos nuestras iglesias y familias con una cultura de la paz, reconciliación y amor. Oremos para que venga el Espíritu Santo a los corazones de quienes aún hablan mal de sus pastores y líderes, les redarguya de pecado, y que si hemos caído en la murmuración, seamos perdonados, restaurando el agravio, amando la Iglesia que pertenece al Príncipe de los pastores.

Evite páginas que destruyan el amor hacia el prójimo, hacia el hermano, hacia Cristo, ofrézcase para servir en su iglesia y eleve quejas cuando se le da una comisión,  que su oración sea por la anhelada Unidad que Cristo mismo oró, para que el mundo crea que hemos sido enviados por Dios.

La ética de la lengua, según el Apóstol Pablo

“Pablo condena el hablar corrupto… El Cristiano no debe participar en ningún sentido en tales conversaciones, escuchando los cuentos de los hombres que tienen la mente corrompida. Pablo también habla en contra de los calumniadores. Se refiere a ellos en Romanos 3:8 aludiendo al hecho de que algunos estaban diciendo que Pablo enseñaba que el cristiano podreía pecar todo lo que quisiera, porque así abundaría más la gracia de Dios. Pablo rechazó la crítica, diciendo que esto no era lo que él estaba enseñando.

Pablo aconseja a Timoteo que las esposas de los diáconos no sean calumniadoras (1 Tim. 3:11). Dio como una de las señales de los postreros días que habría calumniadores en el mundo (2 Tim. 3:3), e instruye a las ancianas de la iglesia a que no sean calumniadoras. (Tito2:3). Pablo condena a los que hablan de una manera escondida y también a los que hablan abiertamente en contra de otros. De eso Marshall dice: “Pablo está hablando en contra de uno de los males sociales más grandes de este o cualquier otro día, de la tendencia de los hombres y las mujeres a encontrar delicia en destruir el carácter de otros por medio de las cosas falsas que dicen ellos”. A los  colosenses Pablo dice que hay que dejar de hablar palabras deshonestas (Col 3:8). Todos estos usos de la lengua, en una manera negativa, hacen daño a otras personas, y violan el principio del amor fraternal del uno hacia el otro

extracto de Bases Bíblicas de la Ética pág 100,101, J.E Giles, Casa Bautista de Publicaciones

¿Necesitamos Tribunales Eclesiásticos? A ratos pienso que sí.

Ha estado proliferando la fatídica “doctrina” de juzgar a los demás como un deber del contendor de la fe. Claro es que existen referencias que no lo prohiben, pero que tampoco lo alientan como una práctica recurrente si no se ha considerado la vida propia como juzgable. El mismo Jesucristo, la Justicia de Dios, establece un precedente que muchos falaces han manipulado: “El que esté libre de pecado, sea el primero en condenar (lance la primera piedra)”.

No es raro encontrarnos con una maraña de información por medio de los blogs, y temerariamente han aparecido una cantidad de autores que amparados en su “derecho a la libre expresion” se dan el lujo de lanzar acusaciones, la gran mayoría fundadas en las chimuchinas foreras o simplemente en comentarios del nuevo “movimiento de los contra todo” (término acuñado por el Blog Es la hora de ser real para esa tendencia de oponerse a iglesias, pastores, estrategias, etc.). Algunos de esos comentarios obviamente rayan en el sarcasmo, juegan con la ironía, y desarrollan un interesante ejercicio de tensiones y distensiones, verdades y relativismos; a veces suelen aflorar las susceptibilidades, y las carencias de carácter, y no hace falta discurrir tan profundamente para comprender las truculentas motivaciones que mueven a algunos para manifestar su disidencia a ciertos hitos de la actualidad eclesial.

Los problemas que se están generando gracias al “sabio” proceder, además del excesivo ocio “pro-farándula”, son las impensadas consecuencias legales que podrían devenir tarde o temprano, gente con poco sentido común ha logrado obtener tal autoritas que se da el lujo de expresar (gracias al imperium de su “libertad de expresión”) graves acusaciones sobre el color de calcetines que usan cuando van al culto y que comen pan Koshen, a secas: ladrones, lujuriosos, adúlteros, estafadores, etc. Esta mal entendida “libertad de expresión cristiana ” no ha hecho sino crear un ejército de futuros imputados y eventualmente condenados como autores de delitos contra el honor y dignidad de las personas.

¿Podemos o no denunciar estos delitos y otros que suceden en el contexto eclesiástico en cortes civiles o penales? Si un hermano me injurió en el púlpito o en internet, o no quiere pagarme la deuda del préstamo ¿que debo hacer?

¿ Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos?

Varios se han basado en 1 Cor. 6:1-11  para alegar que es malo que un cristiano acuda a estos tribunales para hacer exigir sus derechos contra las malas acciones de un “hermano en la fe”, es de deshonra para el evangelio, etc. Pablo no prohibe absolutamente el acudir a la justicia temporal, generalmente conducida por “no creyentes”, pero invita a que, antes de recurrir ante esas autoridades, arreglen sus casos bajo el juicio de cristianos.

¿ O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois dignos de juzgar cosas muy pequeñas?¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?¿Cuánto más las cosas de esta vida? Si, pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los que son de menor estima en la iglesia? Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabios, ni aún uno, que pueda juzgar entre sus hermanos, sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio,  y esto ante los incrédulos?

Pablo establece la necesidad de que se organicen tribunales eclesiásticos para tratar con las disputas entre cristianos que no s epueden resolver por medio de conferencias peronales onformales, el problemas es ¿Cómo le damos reconocimiento a dichas autoridades de modo totalitario o más bien absoluto sobre la religión evangélica  si su realidad se basa en la autonomía denominacional y dentro de cada denominación o son congregacionales que siguen el principio aludido o episcopales centralizadas? ¿ Que hacer cuando un bautista dice cosas contra un pentecostal o cuando un asamblea de Dios publica injurias sobre un pastor aliancista por internet o un pastor denosta a otro pastor? Si hasta en las mejores familias sucede.

Que se constituya un tribunal eclesiático dentro de la iglesia local es efectivo y práctico, cada una sigue un determinado procedimiento basado en Mateo 18: 15- 17 ( Si tu hermano peca contra ti…), algunas siguen la literalidad de la Escritura y excluyen al fornicario o al que rehúsa escuchar la razón y continúa actuando de modo dañino para su hermanos. En otras se da la posibilidad de restauración, se le suspende de las actividades de liderazgo y en general de participación activa hasta que arreglen su situación personal, restituyan lo robado, regularicen la convivencia, se sometan a una terapia, etc. ¿Pero a nivel interdenominacional qué?

Hay un aparente vacío en la regulación de tribunales eclesiásticos del apóstol Pablo, él no pensaba en la multiplicidad de denominaciones independientes entre sí y no sujetas a una autoridad central en lo administrativo y espiritual (Concilio de Ancianos, por ejemplo), es obvio que la teocracia apostólica con el correr del tiempo decantó en una especie de democracia cristiana, una especie de continua“Revolución Francesa“, en donde “todos” deciden por todos, y donde “todos” tienen derecho a hacer y a opinar lo que quieran, con sus excepciones. Y entonces frente a este vacío no queda sino sugerir, idealmente pero poco práctico, una sujeción fraternal interdenominacional,  o sencillamente soportar  “proyectos” de tribunales inquisidores de la fe disfrazados en medios de comunicación virtual, impresos y púlpitos, no se respeta el procedimiento de Cristo, y por ende no queda otra sino recurrir a la instancia definitiva, ante las otras autoridades puestas por Dios, y evitar que la impunidad se transmita de boca en boca, de blog en blog.

Mientras se ventilen cuestiones de menester cristiano en público, no queda sino alentar a la cordura de los fiscales (foreros inescrupulosos) y defensores en esta contienda de la fe (profetas inquisidores), y si no te queda otra alternativa, apela al juicio justo de Dios en los Tribunales de Justicia.

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Apología y denuncia ¿Haciendo del hereje nuestro enemigo?

Cuando uno contiende o entra en un debate debe saber distinguir bien que es lo que se pretende atacar: ¿una herejía? ¿Un hereje?, si son las dos cosas ¿Es el hereje nuestro enemigo?

La apología no se basa en el debate sobre circunstancias personales, sino que en la argumentación y contraargumentación de ideas, se oponen corrientes de pensamiento, filosofías, etc. Generalmente en la política se da mucho esto, pero no falta aquel que debido a la carencia de argumentos suficientes para el debate entra en el juego vil de la descalificación. Entonces el debate sube de tono y se pierde el objetivo ¿ Cual es tu objetivo cuando debates o contiendes por la fe? ¿Has visto su fruto?

Sé que tienes claro lo que es la murmuración, entonces partamos separando los puntos de ataque, ya que algunos ven al hereje como enemigo de la fe y por tanto enemigo nuestro, mirémoslo como nos exhorta Jesús: amándoles y orando por ellos.
¿Cuando y cómo ataco la herejía? Suele ser el rol de los profetas, y ellos nunca lo hicieron si primero la Palabra de Dios se hizo carne en sus corazones, se vivificó de modo que la contienda espiritual y de su Fe en el Señor no se base en la sola confrontación de palabras, dimes y diretes, sino que además su Testimonio fuere el respaldo para marcar la diferencia y llevar al que se encuentra en el error al arrepentimiento.

Se ha demostrado, al menos sicológicamente (ref. Adicción a las Sectas de Pepe Rodriguez) que mientras más atacamos al sectario más se reafirma en sus convicciones y es mucho más difícil sacarlo del grupo. Piense por un momento en todas las sectas y falsas religiones ¿Por qué el cristianismo no ha logrado desplazarlas completamente?Entonces, si ya está todo dicho respecto a las sectas (por blogs, libros, foros, predicaciones, seminarios, etc) ¿porqué entonces parece infructuosa “nuestra manera” de contender por la fe?

Es que parece que se ha olvidado que la verdadera lucha “no es contra sangre y carne”

¿Hablando entre nosotros con alabanzas? Modificando nuestra ética del lenguaje cristiano

El Apóstol Pablo en 2 ocasiones presenta la alabanza como lenguaje permanente de los creyentes y entre los creyentes, y desde ya lo presente cómo el Lenguaje Correcto. (Col 3:16; Ef. 5:18-19)

Siempre estuvo preocupado del lenguaje como tal y cómo éste se expresa y desarrolla entre los hermanos unidos por la Sangre de Cristo, incluso respecto de aquellos que suelen llamarse creyente pero persisten en pecar. Porque el tema del lenguaje y del cómo lo hablamos no radica para el Apóstol, en florituras verbales aprendidas en un curso de oratoria, sino que en la fuente misma  la mente. Porque sabía que era aquella parte de todo ser humano que es capaz de rebelarse contra sí mismo, y así las cosas, rebelarse contra otros y contra Dios mismo. En la mente se generan las decisiones y es donde se alimentan las malas pasiones, que luego engendran el pecado.

Entonces, la exhortación amorosa de su puño y letra es a comenzar un lenguaje con fuerte fundamento, porque hablar por hablar, ociosamente, trae consigo un juicio del que deberemos rendir cuenta ante el Trono de Cristo (Mateo 12:36). Y así Pablo, instrumento del propio Ministerio de Jesucristo nos da una pauta para evitar nuestra propia desgracia del hablar sin mesura o con despropósito, nos invita en Filipenses 4:8 a pensar bien, y como consecuencia daremos la sazón debida a nuestro lenguaje, porque hoy por hoy se suele pensar en todo lo que es falso y deshonesto injusto impuro y desagrable, en el mal nombre (mala fama),  en lo que no tiene virtud o no es digno de alabanza, y acá aparecen dos extremos perniciosos, que manifiestan una mente corrompida y llena de maldad. Por un lado, quien piensa así,  actuará de la misma manera, porque el mentiroso antes de actuar con engaño elabora de antemano su mentira, el que roba planifica su atraco, el que juzga injustamente sencillamente manifiesta negligencia en su propio juicio,  y así suscesivamente. Y el otro lado, aquel que solo piensa en estas carácterísticas pero respecto de otro, ocupando su tiempo libre en murmurar o “denunciar proféticamente”. Es que ya pensó en lo falso y deshonesto de otro, y no pensó siquiera si ese otro pudiera ser verdadero y honesto, ni siquiera una medida manifiesta de fe que le permitiera hacer una declaración en ese sentido,  quien actúa “proféticamente”  o se dice profeta debe seguir una regla divina, entre otras que no van al caso mencionar acá, debe actuar con una “medida de fe” (Rom. 12:6). Y fe es ver al falso e indigno como si fueran verdaderos y dignos de alabanza y reconocimiento, porque quien mira al que actúa con injusticia debe aplicar la Palabra viviente, y verlo con los ojos de la fe, cual hombre y mujer justos.

¿Porque el que se mueve en la “denuncia profética” no habla entonces con certeza de lo que no se ve y con convicción de lo que no se espera? ¿ Dedicará siempre su mensaje a hablar de lo que ve o no espera? ¿Es su aspiración entonces seguir “defendiendo la fe”  pagando el precio de ser vomitados de la presencia de Dios? Porque sin Fe es imposible agradar a Dios.(Heb. 11:6)

Si se habla mal o “proféticamente” no es de puro placer o por tener un impulso carismático de un don de ciencia, sencillamente es alguien que requiere urgente replantear su base de datos, ordenarlas bajo el prisma paulino de Filipenses y definir bien si está siendo un “instrumento” para edificar la iglesia, o destruirla, por eso quien mal habla, mal piensa.

Y por eso Pablo nos exhorta a  que llenemos nuestros pensamientos con la Palabra de Dios, que se transformen en sustancia que impregne todo el entendimiento, para que luego hablemos entre nosotros con el lenguaje mismo de Dios, con toda sabiduría, no con palabras llenas de necedad y soberbia; con  alabanzas, salmos, himnos y cántico espirituales, no como una experiencia mística nada más, es la manera correcta de relacionarnos, es el lenguaje de la Nueva Jerusalem a la cual nos hemos acercado, es el lenguaje que tiene el Padre con el Hijo. Porque hablar con la Ética de Dios es hablar con  el lenguaje del amor, de la fe y de la esperanza,  lo único que permanecerá entre nosotros, son 3 cosas que sustentan la Palabra Viviente del Trino Dios, su ADN, y esa Palabra permanece para siempre. Este “trinolenguaje” transforma una mala persona en una digna de alabanza, un mal pensamiento en uno que sea pura virtud, y un lenguaje iracundo y enjuiciador en uno que sea pura misericordia.